Ningún mar del mundo lleva un nombre que empiece con la letra Y. Esta ausencia llama la atención porque el mapa marino global reúne decenas de mares con orígenes muy distintos, desde nombres que describen un color hasta otros que honran a un pueblo o a un explorador, y aun así ninguno arranca con esa letra en particular. La Y es una de las letras menos usadas al inicio de palabras en español y en la mayoría de los idiomas que dan nombre a accidentes geográficos, lo que reduce de forma natural las posibilidades de que exista un mar así.

Los nombres de los mares suelen surgir de tradiciones muy antiguas, ligadas a pueblos costeros, mitos locales o rasgos visibles como el color del agua o la cercanía con una masa de tierra conocida. Estas tradiciones lingüísticas casi nunca producen palabras que comiencen con Y, ya que esta letra ocupa un lugar marginal en el vocabulario geográfico heredado del latín, el griego y otras lenguas antiguas que dieron forma a la cartografía actual. Por eso, la falta de un mar con esta inicial no responde al azar, sino a un patrón que se repite en otras categorías geográficas donde la Y también escasea.

Existen, sin embargo, algunos accidentes geográficos cercanos que sí comienzan con esta letra, aunque no califican como mares. El Canal de Yucatán, ubicado entre México y Cuba, conecta el Golfo de México con el mar Caribe y es el ejemplo más próximo a esta búsqueda, pero se clasifica como un estrecho y no como un mar propiamente dicho. Del mismo modo, la península de Yucatán da su nombre a distintas formaciones costeras de la región sin que ninguna reciba oficialmente la categoría de mar.